Editorial

Este espacio es una invitación a conocer el estado actual de la precariedad de la mayoría de quienes habitan este país, la génesis de la constitución en la dictadura cívico-militar, y por qué no, empresarial; y lo más importante, las alternativas levantadas desde las organizaciones sociales al neoliberalismo en Chile, que se enmarcan en la crisis civilizatoria ante un capitalismo depredador de las personas, las comunidades, los territorios y los ecosistemas.

Durante muchos años pensaron que nos hacían creer que no había otras formas de vivir. Sabemos que perpetuar el modelo económico es seguir reproduciendo las desigualdades. Continuar vendiendo volúmenes exorbitantes de materias primas al mercado internacional a precios irrisorios, mientras en los territorios explotados, mal llamadas ‘zonas de sacrificio’, los extractivismos consumen hasta la última gota de agua, y con ello, acaban con las economías locales y territoriales, e incluso violan sistemáticamente los derechos humanos de las culturas que se resisten a desaparecer.

Nuestra intención es ayudar a visibilizar el verdadero poder constituyente en las elecciones a la Convención Constitucional, respuesta de la élite para dar un respiro al gobierno criminal de Sebastián Piñera mientras Carabineros y las Fuerzas Armadas mataban, mutilaban, abusaban sexualmente y las noticias sobre las violaciones a los Derechos Humanos en Chile daban la vuelta al mundo.

Consideramos urgente correr el mensaje sobre la importancia de elegir y votar por las listas de candidaturas independientes a los partidos políticos y emanadas de las organizaciones sociales y territoriales arraigadas en los movimientos que han construido alternativas desde antes del estallido y continúan en estado de Revuelta. Además, comprenden la crisis de manera sistémica y no aluden a lo ambiental como una categoría accesoria, sino que cumple la función desde la cual sentar las bases constitucionales para poner en el centro el cuidado de la vida, en todas sus expresiones. La pandemia por la Covid-19 ha evidenciado de manera dramática y dolorosa cómo la privatización de la vida, la precariedad, la exclusión y la desigualdad no dan para más; sumado al gobierno que no ha titubeado cuando se trata de seguir generando la riqueza que acaparan unos pocos.

Hemos decidido ir por todo y más, incluso al punto de resignificar nuestro nombre. El modelo instaurado a punta de armas, torturas, asesinatos y desapariciones, y que luego se maquilló y siguió con las mismas prácticas solapadamente, no puede seguir existiendo. Su obra, lo que nos han hecho creer que es este país, simplemente no es Chile. Renegamos de lo que han hecho de él y accionamos por resignificarlo.

A contrapelo de los medios hegemónicos y la élite política, vemos con esperanza el hecho de que tantas organizaciones y personas, durante años al margen de la institucionalidad, hayan decidido incidir en el sinuoso camino a la Convención. No creemos en las encuestas tendenciosas y estamos esperanzadas en la fuerza del desborde popular con el horizonte de superar la democracia representativa y no delegar más nuestra responsabilidad como sujetos y sujetas profundamente políticas.

Salir de la tiranía militar a una democracia “en la medida de lo posible” era necesario para echar a andar el modelo neoliberal, dar estabilidad y certeza jurídica a las inversiones extranjeras que siguen siendo la gran estafa de los administradores de la miseria. Hoy tenemos la certeza de que si no se toca el modelo neoliberal, no habrá futuro para una vida digna, saltémoslo juntxs.